
Bueno, en este preciso momento faltan horas para el partido. No se trata de un día, ni siquiera de la mitad de él: son solo un puñadito de horas. Estuve viendo algunos videos de Independiente. La verdad que no lo tenía muy fichado porque hasta último momento miraba de reojo a Merlo y Defensa y Justicia, los dos equipos que todos creíamos, esa tarde en el bajo, que iban a enfrentarse con Defe si redondeaba ese 1-0 a Chicago. Ví mucha gente en sus tribunas y, por qué no decirlo, me invadió un cagazo enorme. Me imagino este estadio hasta el culo de gente bregando porque su equipo no vuelva al ostracismo del Argentino A. Un club que se jacta ser el más popular de toda la provincia y que probablemente lo quiera dejar en claro hoy por aquello de “y en las malas mucho más”.
Nosotros también estuvimos en las malas, un ciclo biológico (y, como tal, inevitable) del fútbol que lo tenemos bien fresco en ese 2005 amargo por donde lo miremos. Defe se fue varias veces al descenso, nunca tan trágicamente con aquel 25 de junio en el que se perdieron un partido y una vida. Fue por penales, en un desempate al que Chacarita llegó oscuramente. Los veinte que fueron a Comodoro Rivadavia en esa penúltima fecha bien se recordarán pegados a la radio -una vez que Defe ya había perdido con la CAI y ya no dependía solo de sí-, escuchando como un tal Johnny Aquino (por entonces en Ferro) le concedía un penal sobre la hora que le permitía a Chacarita llegan con vida hasta el final justo cuando el empate lo condenaba al descenso y colocaba a Defe en zona de promoción.
A Chaca no le sobró nada para forzar un desempate e invertir los roles: la AFA le perdonó la vida después de que su hinchada invadiera el campo de juego brutalmente en un partido clave contra la CAI, cuyos jugadores luego acusaron haber sido agredidos y robados. En el partido final, con Defe, ganó estrechamente por penales luego de 120 minutos soporíferos de cero absoluto y los medios le adjudicaron la faena a la presencia del flaco Vivaldo (volvía luego de haber rescindido) porque hasta las gestas más mediocres necesitan sus héroes.
Una violenta represión policial que comenzó en la tribuna y continuó en las inmediaciones del estadio de Huracán (donde se jugó la cita neutral) fue la bienvenida de Defe a la Primera B. Por ahí quedaba tendido el cuerpo de Fernando Blanco, a quién la Federal descartó desde un patrullero tras una fatal paliza para luego argüir que saltó del mismo voluntariamente, con toda la inmoralidad que implica atribuir a un muerto su propia muerte.
Ese sí que fue un día triste, un domingo gris de invierno en el que había acabado aquel sueño del Nacional B desde el que había cobrado más sentido, durante cuatro años, ese cantito que dice que “lo único que quiero es ver a Defe campeón, ver a Defe en primera”. Esas eran malas, malas de verdad. No son estas mismas malas por las que decenas de miles de hinchas de Independiente van a llenar hoy su propio estadio para alentar a un equipo que gozó de grandes presupuestos y todo el aparato del empresario multimediático y líder antigrondonista Daniel Vila.
No sé cuántos seremos en todo ese quilombo y tengo intriga por saberlo. Sé que hubo movidas por acá y por allá, cada uno a su manera, y en las vísperas se generó un murmullo interesante. Varios ya están durmiendo en Mendoza desde anoche, incluso desde el viernes. La ansiedad es voraz y nos va comiendo en un reloj de arena que acaba en horas. Sería una deslealtad imperdonable con el hincha apasionado que todos llevamos restarle interés al resultado. Claro que nos interesa el resultado, y es por eso que vinimos a verte. A verte una vez más, sea tu último partido en esta categoría o el último de este equipazo que se bancó en largo aliento de la primera B hasta el último de sus suspiros. Existen discusiones menores acerca de las vocaciones de juego de DellaPicca. Lo cierto es que Defensores sostuvo un equipo casi de memoria a lo largo de un año con incontables aportes entre los que podemos destacar un arquero sobrio (y, vamos a decirlo: irreprochable), la defensa en pleno con jugadores del club, el notable crecimiento de Jacobo Mansilla, la presencia de Daniel Giménez y el corazón inagotable de Andrés Montenegro; entre algunos otros.
Defensores estuvo toda la primera rueda invicto de local, le ganó a un Atlanta imparable dando vuelta un partido en cancha de ellos con un jugador menos y dejó algunos resultados para encuadrar como los 1-0 a Morón y Chicago y el 3-1 a Platense en Vicente López (el primer partido de ellos en su cancha después de haber jugado cuatro años en la B Nacional), una especie de reivindicación histórica tras el 0-3 en el bajo cuando Defe volvía a la categoría, en 2005.
El mismo equipo que peleó palo a palo el campeonato a Atlanta (si bien las distancias luego se ampliaron irreversiblemente, fue Defe el último equipo que mantuvo chances matemáticas de alcanzarlo). Un equipo que, bien vale aclararlo antes del resultado, nos alegró la vista por primera vez en mucho tiempo. No les hablo del Barcelona, tampoco me corran con eso. Todos sabemos que estamos en la primera B y el que no se emociona con esa contra de pizarrón para el 1-0 ante Morón en el reducido es porque la PlayStation le comió el balero, o bien porque ya de fútbol no entiende nada.
La tómbola del fútbol hoy nos pone arriba de la calesita, felices como unos nenes con copos de nieve. Será por eso que vinimos hasta acá. A esperarte, a verte y, en el último de los casos, a agradecerte por esta felicidad inmensa que nos hace estar en este lugar, como lo hemos estado otras veces en otros y lo volveremos a hacer, mirándonos a la cara entre medio de una multitud ajena y reconocernos orgullosos de estos dos colores por los que hoy buscará escribirse historia.

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